Archivo de Categoría: Cambiaron de vida

Las cenizas de Rimbaud

Si hay un sobreviviente en el mundo de la poesía ese es Rimbaud.  Antes de morir “un 10 de noviembre por la tarde a las dos” de un cáncer, con una pierna amputada, a la edad -de 23 años- en que los mortales comunes recién están asomándose a la vida, había pasado por experiencias que otros no tendrán aunque se reencarnen, atravesando sin anestesia su “temporada en el infierno”.  En este ensayo el escritor Thomas Bernhard repasa momentos en la vida del poeta, pero no para contribuir  su canonización, sino para humanizarlo y hacer que vuelva respirar entre nosotros.

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Una pareja autosustentable

PAREJA-1

Hace 12 años, el ingeniero mecánico Fernando Claude y su mujer Amory Uslar, tomaron una decisión radical: vendieron casa y auto, cerraron cuentas bancarias y se fueron a Chiloé a vivir de manera autosustentable, cultivando su propio alimento y haciendo trueque con los vecinos, de lo que no son capaces de producir. “No ha sido fácil, pero fue la mejor decisión de nuestras vidas”, aseguran.
Por Vicente Parrini / Fotografía: Álvaro Vidal / Paula 1135 / 2013.

Ese día de 2001 cuando el ingeniero Fernando Claude (59) pudo tirar por primera vez la cadena en el baño que él mismo instaló en su casa en Chepu, a 20 minutos de Castro, en Chiloé, celebró con champagne con Amory Uslar, su mujer. Fue la culminación de casi dos años muy sacrificados en que durmieron en una carpa militar mientras construían con sus propias manos el espacio que les ha permitido olvidarse de Santiago y llevar una vida autosustentable.

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LA ISLA DEL LAGO INNISFREE

 van g
Me levantaré y partiré ahora, partiré hacia Innisfree,
y construiré allí una pequeña cabaña, hecha de arcilla y zarzas:
nueve surcos de judías tendré allí, y una colmena,
y viviré solitario, entre el zumbar de las abejas.
Y encontraré allí paz, paz que gotea lentamente,
desde los velos de la aurora hacia donde el grillo canta;
allí la medianoche es toda un tenue brillo, y el mediodía es de un fulgor púrpura,
y el atardecer se llena de las alas del tordo.
Me levantaré y partiré ahora; pues siempre, de noche y de día,
escucho el apagado rumor del agua en la ribera,
y mientras permanezco sobre la vereda, o sobre la gris acera,
lo escucho en lo mas hondo de mi corazón.

W. B. Yeats