Los privilegios de ser víctima

 «Vemos un mundo viejo / que se derrumba sobre nuestras cabezas. / Pero ¿qué culpa tenemos nosotros?». The Rokes

Daniele Giglioli, profesor de literatura comparada en la Universidad de Bérgamo y colaborador del diario Corriere della Sera, de Italia, publicó un apasionado ensayo con una perspectiva crítica sobre las víctimas a lo largo de la historia.  “No se trata de una crítica a las verdaderas víctimas, sino al victimismo como nuevo paradigma de la sociedad en la que se apoyan los populismos y la inacción social”, se señala en una entrevista a Giglioli en La Vanguardia, de España, que comparto con ustedes.

“La víctima es el héroe de nuestro tiempo”

La Vanguardia/ 

Dice que la víctima es el héroe de nuestro tiempo…

Sí, ser víctima tiene privilegios: otorga prestigio, identidad, derechos, exige escucha, promete reconocimiento.

¿Inmuniza contra la crítica?

Garantiza la inocencia, porque la víctima no ha hecho, le han hecho; no actúa, padece y reivindica. Es una paradoja.

Es más que eso, asusta, confunde…

La víctima no tiene necesidad de justificarse y ese es el sueño del poder, una posición estratégica. De hecho, establecer quién es más víctima es el pretexto de todas las guerras, y la idea de la que parten los movimientos populistas.

Póngame un ejemplo.

Yo vivo en la Lombardía, la región más rica de Italia que ha querido independizarse argumentando que nosotros somos víctimas del sur, de los que no trabajan y debemos mantener.

Por suerte el poder todavía es criticado.

En Italia el 60% vota por partidos que han adoptado la retórica de la víctima, en el norte dicen que somos víctimas de los emigrantes. El italiano rico se considera víctima de los que v­ienen de África, como Trump de los hispanos pobres o los promotores del independentistas catalán se consideran víctimas de España.

El poder, ¿lloriquea?

Nadie se postula para el poder sin decir que es víctima de algo: de Europa, de los extracomunitarios, de la banca.

Entonces, ¿todos somos víctimas del victimismo?

A mí la víctima me interesa como síntoma de la ostentación de la debilidad y como sustituto de la reivindicación de nuestras valías. Históricamente el movimiento obrero no decía “nosotros somos las víctimas”, sino: “Nosotros somos los que hacemos la riqueza y por tanto tenemos derecho a gobernar”.

La modernidad es hija de la revolución.

Sí, de la Revolución Francesa, de la inglesa, de la americana… El mito fundacional de la modernidad es revolucionario, todas nuestras constituciones son revolucionarias. Y ahora estamos en un tiempo contrarrevolucionario.

Cierto.

El victimismo perpetúa el dolor y cultiva el resentimiento. La idea sana es acabar con el dolor, el dolor de tu padre, de tus antepasados. Las personas que han sufrido por nosotros lo han hecho para que fuéramos felices, no para que continuáramos su dolor, es una paradoja.

Tenemos entonces la víctima auténtica y la falsa víctima.

Y resulta difícil distinguirlas. Muchos herederos de grupos que fueron victimizados pretenden tener más derechos que el resto.

¿Víctimas hereditarias?

Sí, porque no son ellos las víctimas, lo fueron sus antepasados que en realidad no pretendían tener más derechos, sino simplemente ser iguales al resto. En Israel muchos jóvenes se hacen tatuar el número del campo de concentración del abuelo.

¿Y por qué ha triunfado el victimismo?

Porque llena un vacío de sentido, de identidad. Todos sabemos que nuestra identidad es un patchwork, es líquida, sin embargo la víctima tiene una identidad fija, definida, precisa, sólida: me hicieron aquello, y eso me garantiza identidad, escucha y respeto.

Pero tiene grandes desventajas.

Es un paradigma paralizante. Ser víctima nos impide llegar a la mayoría de edad. Todas las épocas fecundas han visto el mundo como un gigantesco monte de problemas y han dicho: “Ahora yo los resolveré”. Lo han hecho bien o mal, pero siempre la idea ha sido: “Yo he venido al mundo a resolver este problema”.

La responsabilidad es mía.

Sí, y eso es la adultez, lo que decía en una poesía Bertolt Brecht: “No esperes ninguna respuesta que no sea la tuya”. El menor, como la víctima, es irresponsable, no tiene respuesta, espera que la respuesta venga de fuera.

Ya no confiamos en la acción.

Estábamos habituados a que el héroe fuera alguien que actuaba, que hacía algo bueno. El siglo XX nos hizo pensar que todos éramos protagonistas de la historia, pero ahora vivimos en un estado de impotencia.

Pero hay muchos movimientos sociales…

Son hobbies para ricos, evitar los plásticos o apostar por el comercio de proximidad es caro, los pobres van a comprar al supermercado más barato. En todo el mundo, los del centro de las ciudades defienden buenos sentimientos de izquierda, en las periferias son populistas.

¿Cómo se deja de ser víctima?

El que actúa nunca es víctima. El combatiente, aunque haya perdido, aunque haya muerto, no es una víctima, es alguien que ha tomado sus propias decisiones. La vida no va siempre bien.

Europa ha vivido 70 años de abundancia.

Ha sido el lugar más rico del mundo, lleno de derechos civiles, sociales, de riqueza… y damos por sentado que son nuestros derechos, pero no son derechos, son luchas, conquistas, y puede acabar en cualquier momento. Las mujeres saben muy bien que la lucha no acaba nunca.

¿Hay que mirar hacia delante?

Sí. La víctima siempre está ligada al pasado, a algo que le hicieron. Por el contrario, el que actúa siempre lo hace hacia delante. Se puede recomenzar, decir no importa lo que me han hecho, lo que importa es lo que yo haré a partir de ahora, las dos cosas son ciertas, depende de dónde pongas el acento.-

Lea otra entrevista realizada al autor:

entrevista

El libro lo pueden encontrar en el siguiente enlace:

file:///C:/Users/Administrador/Downloads/7931cdlvdg.pdf

 

 

 

 

 

Un comentario en “Los privilegios de ser víctima”

  1. la condición de ser victima o victimizarse está estrechamente ligado al tema de la memoria, autores como Manuel Cruz en su libro la dificultad de vivir juntos, ha clasificado cuatro tipo de grupos que se mueven en torno a la memoria y uno especialmente el que se queda en el duelo eterno, por así llamarlo. Otro autor es Ricoeur, en el que habla sobre los abusos de la Memoria, algo que me resuena lo que plantea Gigliolli.
    Es un gran tema, para trabajar, pues el hecho de quedarse en posiciones tan fijas, impide finalmente avanzar

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